22 dic. 2013

Bartolomeo y el huérfano (relato)


Bartolomeo era un tipo raro. Al menos eso era lo que decían en el vecindario. Llevaba toda su vida viviendo allí, a esas alturas peinaba canas, pero heredó la casa familiar siendo solo un chavalín. Era un caserón tan decrépito como él, de torreones roídos por el limo y, a fin de cuentas, demasiado grande para alguien que vivía solo. Pese a lo que pudiera parecer, él mismo se había labrado el título de “bicho raro” pues jamás se dejaba ver por el barrio; los vecinos sabían qué aspecto tenía porque de vez en cuando salía a podar las ramas secas que enredaban su jardín. Todos se preguntaban de dónde sacaba la comida o con qué se entretenía, ya que gracias a su herencia ni siquiera trabajaba. Pero sobre todo se preguntaban qué había pasado con la familia de Bartolomeo, porque era muy extraño que cinco personas desaparecieran sin dejar rastro el día de Navidad. Las circunstancias daban para muchas especulaciones y era normal que la curiosidad desviara miradas hacia la casa, o que algún que otro jovenzuelo se colase en la finca para fisgar. Aunque resultaba raro que sucediera en plena Noche Buena.
    Tres jovencitos acababan de saltar la verja para colarse en la propiedad de Bartolomeo. Como no tenía perros, ni alarma de ninguna clase, consiguieron entrar en la casa por el respiradero del sótano.
    —No deberíamos estar aquí —dijo el pelirrojo.
   —¿Es que no quieres saber por qué todas las navidades se escucha fiesta en casa de Bartolomeo? —preguntó el moreno con orejas de soplillo.
    —Nunca se ve entrar gente pero muchos juran que han visto sombras en las ventanas y oído voces en Navidad —añadió el tercero, un niño delgado como un palillo y unas paletas tan grandes como las de un ratoncito.
     —Curiosidad sí que tengo… —reconoció el pelirrojo—. Lo que pasa es que si tardamos mucho se van a dar cuenta de que nos hemos escapado.
    —¡Bah! La hermana Sor Dorotea se ha bebido media botella de anís, fijo que ahora mismo está roncando, como las demás… —dijo el ratoncito.
    El pelirrojo alzó las cejas. En realidad su amigo llevaba razón, la mejor hora para escaquearse del orfanato era por la noche porque las monjas tenían el sueño pesado.
     El de las orejas grandes alumbró las escaleras, que iban a dar a la cocina. Estaba desordenada, como si alguien hubiera pasado el día cocinando, la cruzaron con sigilo hasta llegar al salón. Allí había un árbol de Navidad con un montón de regalos bajo sus ramas, era algo peculiar ya que Bartolomeo vivía solo y nunca lo visitaba nadie. No obstante lo más insólito estaba en el comedor. No entraron porque no se atrevieron, se quedaron plantados bajo el arco de la puerta. Y eso que tampoco había nadie. ¿O sí? La mesa estaba decorada con motivos navideños, como cualquier mesa en Noche Buena; tampoco faltaban los platos repletos de comida, las botellas de vino o las bandejas del turrón. Parecía un comedor normal, salvo por los sacos que hacían de comensales. En torno a la mesa había cinco bultos sentados en sus correspondientes sillas y apoyados sobre los platos, todavía vacíos. En realidad no eran sacos sino mantas que envolvían algo muy grande.
    De repente sintieron unos pasos y los niños corrieron a esconderse.
    Bartolomeo apareció en el comedor, cargando un libro enorme que dejó sobre la mesa. Se sentó, abrió el libro -cuyas páginas crujían como hojas secas- y empezó a leer en voz alta. Ninguno entendió lo que decía porque recitaba en latín. Cuando terminó el cántico, se escuchó un bostezo. Un bostezo que no había salido de Bartolomeo sino de una de las mantas, que de repente se había enderezado sobre su asiento.
    Lo siguiente que se escuchó fueron los gritos de los niños, que salieron despavoridos, ante el desconcierto de Bartolomeo. El hombre corrió al salón con la intención de detenerlos antes de que escaparan. Cazó al que parecía un ratoncito pero el niño tiró del abrigo y en un santiamén se coló por la puerta de la cocina, seguido del de las orejas de soplillo. El pelirrojo fue el último en cruzar la habitación, pero no llegó muy lejos porque pisó el cordón desatado de su zapatilla y se dio de bruces contra el árbol. Se le cayó el abeto encima y acabó enterrado por bolas de navidad y espumillón.
    El pelirrojo escarbó entre las ramas, angustiado por salir, y lo primero que vio cuando consiguió abrir un hueco fue el ceño fruncido de Bartolomeo, que lo miraba desde arriba. Fue lo último que vio porque de seguido, el niño pelirrojo, se desmayó.

    —Parece que ya vuelve en sí.
    El niño escuchó una voz muy extraña cuando recobraba el sentido. Era una voz grave, quejumbrosa en realidad. Abrió los ojos, que alcanzaron la categoría de platos en cuanto vio a las criaturas que lo rodeaban. Ya no estaba en el suelo, lo habían recostado sobre el sofá, pero pese a los cojines y la manta que lo abrigaba, no pudo evitar temblar de pies a cabeza.
    —Tranquilo, jovencito, no vamos a comerte —dijo un hombre de piel gris, aunque lo cierto era que le quedaban pocos retazos sobre la cara apergaminada. Al menos conservaba un poco de barba con la que disimular los agujeros. Tras él, los rostros resecos de lo que parecían una mujer, una anciana y dos niños lo miraban con todo el entusiasmo que podían transmitir los rostros de unos difuntos. Bartolomeo también estaba con ellos, algo más atrás, entero y, lo más importante, vivo.
    —¡Madre mía! ¡Sois zombis! —exclamó el niño.
    —Bueno… técnicamente estamos muertos, así que supongo que lo somos —dijo el zombi de la barba.
    —¿Quiénes sois? —preguntó el niño.
    Los cinco zombis se volvieron para mirar a Bartolomeo, con cierta tristeza en sus rostros desgastados.
    —Son mi familia… —dijo Bartolomeo.
    —Entonces los rumores son ciertos —dijo el pelirrojo, temblando—. Tú los mataste a todos.
    —¡Qué cosas tiene este niño! —exclamó la mujer con voz reseca.
   —Yo jamás habría hecho algo así —dijo Bartolomeo—. La desgracia sucedió hace cincuenta años, cuando regresaba a casa para la cena de Noche Buena. Mi familia se había asfixiado por culpa de un escape de gas, los encontré a todos muertos y decidí que lo mejor era guardarlo en secreto, sobre todo porque tenía mi libro… Es la herencia más valiosa de mi familia. Con él puedo devolverlos a la vida una vez al año, siempre en Navidad, el mismo día que murieron… Por favor, debes guardar mi secreto —rogó Bartolomeo—. Es la única forma que tengo de volver a ver a mi familia.
    Poco a poco, sin salir todavía de su asombro, el pelirrojo asintió.
    —Y tú deberías volver a casa, jovencito, ya es de día y seguro que te estarán echando de menos —dijo el zombi de la barba.
    —En realidad no tengo familia, ni siquiera de zombis —dijo cabizbajo—. Vivo en el orfanato…
    —En ese caso quizás te gustaría comer con nosotros. Hay comida de sobra y comemos poco porque el estómago no nos funciona muy bien —dijo la madre de Bartolomeo.
    Los cachetes pecosos se inflaron cuando el niño sonrió. Asintió, aceptando la invitación. Aquella Navidad prometía ser muy especial.
    —Estupendo, este año seremos uno más. ¡Feliz Navidad, hijo! —exclamó la abuela con una gran sonrisa. Fue una sonrisa un poco rara, porque la abuela no tenía ojos.

***

Nota para los lectores: Este relato forma parte de un ejercicio colectivo de Adictos a la Escritura. Si quieres leer más relatos como este de otros autores, no dejes de visitarnos.

16 dic. 2013

Premios Naranja y Limón 2013

Cómo pasan los años, qué grandes están los niños y ya estamos otra vez en Navidad... Dentro de muy poquito le diremos adiós al 2013 (¡que se vaya a la porra!, vaya año más asqueroso hemos tenido en Léoen) y se cierra otro ciclo más de lecturas. Este año he sufrido una sequía lectora sin precedentes, tanto es así que me ha costado seleccionar las novelas de ambos podios. El podio Naranja, de las tres mejores novelas del año, está completito, pero como veréis, en el podio Limón solo hay dos "ganadoras" a peores novelas del año. He leído muy poco, pero a pesar de que la mayoría de lecturas no me han impresionado, ninguna ha sido tan terrible como para otorgarle ese amargo premio.

Pero vayamos al lío, os dejo con las seleccionadas para ambas categorías, a las mejores y peores novelas del 2013.

 Premio Limón 2013, a la peor novela del año


2º Puesto: El último anillo, de Kiril Yeskov. No es culpa mía que se haya llevado el segundo puesto limonero, es que me engañaron y me fui a encontrar con algo totalmente distinto a lo que esperaba. Es muy divertido... dijeron... Y yo les creí. Para quien no lo sepa, El último anillo viene a ser una especie de secuela de El señor de los anillos, o más bien una revisión de la historia desde el punto de vista del bando perdedor. Me esperaba algo divertido, hasta en clave de comedia, y me he encontrado con una novela lenta, aburrida y engrosada a más no poder. Tanto es así que ni siquiera he llegado a terminarla.

1º Puesto: El asesino de la regañá, de Julio Muñoz Gijón. Es una novela que se queda lejos de estar bien escrita, para empezar, aunque tal vez hasta se hubiera salvado si la sátira que propone estuviese bien conseguida, pero tampoco es el caso (para saber más, leed la reseña). Se lleva el primer puesto limonero.

 Premio Naranja 2013, a la mejor novela del año


3º Puesto: Matilda, de Roald Dahl. ¿Qué os voy a contar sobre este autor que ya no sepáis? ¿Quién no ha leído algo suyo y no ha disfrutado desde la primera hasta la última página? Matilda es una de sus obras más conocidas, tal vez por la adaptación cinematográfica del 96 tan divertida, de modo que se lleva un merecido tercer puesto.

2º Puesto: La puerta dorada, de Antonio Martín Morales. Repite un año más con el segundo puesto naranja, esta vez con la 4ª entrega de La Horada del Diablo, maravillosa saga épica donde las haya. Dentro de poco tendremos el quinto libro, veremos si el año que viene Antonio repite en el podio.

1º Puesto: El enviado, de J.E. Álamo. Por primera vez una antología de relatos se cuela, no solo en el ranquin de los mejores del año, sino que se lleva el primer puesto. Es maravillosa, emocionante, intensa y adictiva. Un libro pequeñito que encierra muchos sentimientos, capaces, en ocasiones, de erizar los pelillos a los lectores. Se lleva un merecido primer puesto por darme los mejores ratitos lectores del 2013.

***

Ahora tendría que otorgar el premio especial a la mejor saga del año, pero resulta que este 2013 no he leído ninguna saga completa. Por contra sí que me he aventurado a meter las narices entre viñetas (que ya hacía mucho que no leía cómics), así que el Premio Especial, y porque es un cómic que me fascina, va para Sky Doll, de Alessandro Barbucci y Barbara Canepa.



Para finalizar, os dejo con el resumen de lecturas completa. Algunos títulos están reseñados, si os interesa alguno en especial lo podéis encontrar en la sección Para leer.

1. Saga ****
2. Matilda *****
3. La verdad ****
4. Descubriendo nuevos mundos ***
5. Historias extraordinarias ***
6. Dominada por el deseo ****
7. Manual de la esposa perfecta ****
8. 99.z ****
9. Un gigante entrometido ****
10. Justine o los infortunios de la virtud ****
11. Sky Doll *****
12. Orpheus ****
13. La puerta dorada *****
14. La fuente del unicornio ***
15. En busca de Wondla ***
16. Kick-Ass 2 ***
17. La sonrisa del vampiro ***
19. Arrugas *****
20. Maus *****
21. Hokusai ****
22. La broma asesina ***
23. Adolf *****
24. Los caminantes ****
25. Una princesa de Marte ***
26. Red Zone ****
27. En tus manos ****
28. Libros de sangre ***
29. Laila Winter y las arenas de Solarïe ****
30. El seños de las moscas ****
31. El asesino de la regañá *
33. El enviado *****
34. Hija de humo y hueso ***
35. Alicia en el País de las Maravillas ***** 

Premios Naranja y Limón 2012
Premios Naranja y Limón 2011

10 dic. 2013

Para leer: En busca de Wondla, de Tony Diterlizzi


Cuántas historias habremos leído en las que el protagonista viaja a un mundo fantástico, totalmente diferente a su realidad. Cientos, ¡miles!, y la verdad es que nunca me canso de este tipo de historias. En realidad es que soy una pequeña Alicia en potencia que, en lugar de atravesar madrigueras de conejo, atraviesa páginas de libros. Sin embargo en Wondla la protagonista no atraviesa ninguna madriguera o espejo, ni siquiera un portal mágico ni nada parecido, porque ella ya está en Ese Mundo, pese a no ser consciente de ello. Y que nadie se asuste por esto que voy a decir, una de las cosas que me sorprendieron de En busca de Wondla es que entrelaza elementos de Ciencia Ficción con la fantasía. No deja de ser curioso encontrar un libro así, más tratándose de un libro juvenil, de aventuras realmente, ilustrado además por el propio autor (para quien no conozca a Tony Diterlizzi, es el mismo autor de Las crónicas de Spiderwick). Me ha parecido un planteamiento muy particular, más que nada porque esperaba encontrar fantasía mágica, tal y como es lo habitual en estas historias infantiles, y tal como promete la sinopsis de la propia novela (entiendo que la vendan así, porque es mencionar la Cifi y la mayoría de lectores salen huyendo despavoridos). En cierto modo magia sí que hay, pero no es magia de “abra cadabra”, magos o hadas, sino de esa magia que provoca descubrir un mundo diferente y sorprendente.

Eva 9 es una niña que ha vivido toda su vida bajo tierra, en una especie de base subterránea -a la que llama Santuario- sin más compañía que Madr, un robot encargado de velar y educar a la joven Eva. Nunca ha subido a la superficie y tampoco conoce a otros humanos, aunque ella está convencida de que en alguna parte, ahí fuera, debe haber más gente como ella. El problema es que Madr no la deja subir porque es extremadamente peligroso. Sin embargo, tras sufrir un inesperado ataque de un “cazador” un tanto extraño y tozudo, Eva 9 se verá empujada a huir y dejar atrás su hogar. Es así como empieza su aventura en busca de humanos, en un vasto planeta plagado de criaturas desconocidas y con una sola pista: el trozo de una fotografía vieja donde aparecen un hombre, una niña y un robot junto con la misteriosa palabra, WondLa. En el camino encuentra compañía, nuevos amigos que se unirán a su viaje y acabarán trabando una férrea amistad con Eva. Todo esto a la vez que huyen una y otra vez del cazador, que incansable no deja de perseguir a su presa: Eva 9.


En busca de Wondla juega con el eterno misterio de dónde se encontrará Eva realmente. A veces el escenario recuerda lejanamente a la Tierra, pese al desfile de criaturas y animalejos extraños que van apareciendo. Otras veces cobra sentido la teoría de que Eva esté en un planeta diferente, quizás colonizado hace siglos por humanos. Pero lo más importante, y lo que más me intrigó, es la constante pregunta de qué les pasó a esos humanos, ya que el Santuario donde Eva vivía no es el único, hay otros pero están abandonados desde hace mucho. ¡Y aquí viene mi gran queja! Después de 466 páginas de persecuciones y huídas infinitas, resulta que el misterio se queda sin resolver porque En busca de Wondla es una saga. ¿Cómo te quedas? ¡Pues con cara de besugo como me quedé yo al terminarlo!

Resulta que después de todo, a pesar de que resultar interesante en ciertos aspectos, me ha parecido una historia demasiado lenta, larga y repetitiva. En realidad se recrea, sin escatimar páginas, en la ambientación y la construcción del mundo que Eva descubre poco a poco: animales, razas, escenarios de ensueño, culturas nuevas y tecnología. Tanto es así que el paseo resulta muy real, pero sinceramente, a mí me sobraron páginas, y eso que en ciertos pasajes hay bastante acción. Ciertamente, me quedé con ganas de saber qué les pasó a los humanos y averiguar si Eva estará realmente en la Tierra después de miles de años de evolución natural, sin embargo me da pereza seguir con la saga porque una de dos: o sigue en la misma línea con ese ritmo que a mí me pareció demasiado pausado, o cambia de tercio y el segundo volumen aprovecha más la paginación para meter más argumentos. Si continúo con la saga está por ver, igual que está por ver si llega a editarse el segundo volumen, porque de momento me parece que no hay fecha prevista (si me equivoco corregidme).


Sea como sea, merece la pena tener esta edición, es de tapa dura con sobrecubierta y las ilustraciones interiores son geniales, a mí al menos me encantan. Fue uno de los motivos por los que compré el libro.

El gatito Baldomero dice:
Está entretenido.

2 dic. 2013

Cuando no hay ganas de leer...

Pues sí, mis queridos kalianos, la cosa está de capa caída por Léoen. Seguramente ya os habréis dado cuenta, sobre todo por el parón que tuvo el blog hace poco y que duró unos meses. Aparte porque me dejo ver muy poco por la red últimamente. La cuestión es que estoy pasando por una crisis lectora del copón (si me permiten el término) y como consecuencia el blog funciona a trancas y barrancas. Se acaba el año y con él se cierra un ciclo de lecturas, muy pobre comparado con la lista de otros años, aun así en poco os traeré los Premios Naranja y Limón del 2013 con las mejores y peores lecturas de este año de sequía.

Como leo poco (y por desgracia la cosa está cortita de trabajo, como muchos ya padeceréis también), en algo tengo que entretenerme y me ha dado por las muñecas (tengo ciclos, funciono según la luna). Poco a poco voy mejorando la técnica, aunque todavía me quedan dudas que resolver en cuanto a materiales, así que si alguien comparte la misma afición por customizar Monster High y quiere ilustrarme, bienvenido sea.

La última que hice es una Lagoona Blue, tenía muchísimas ganas de pillar este modelo porque es muy chula, tiene aletas en brazos y piernas (a la mía le faltaban la de las piernas) y membranas en las manos. Es medio pescadito. La encontré en el rastro, estaba la pobre que daba un poco de pena. Además tiene un pie mordisqueado, se conoce que a la niña a la que alguna vez perteneció no le daban bien de comer. 

 Así llegó a casa. Aparte de que la ropa estaba hecha un desastre, con la pintura original se ve bizca, más fea que un frigorífico por detrás.

También tenía los antebrazos y las manos desconchados, la he tenido que restaurar casi entera. Sin maquillaje dan un poco de grima, ¿verdad?

Y así quedó después de pintarla, peinarla y vestirla. ¡Estoy hecha toda una modista! Para no saber coser la ropa da el pego más o menos, ¡ni siquiera se deshace! XD

¡TACHAAN! ¿Qué os parece el cambio? Ha quedado muy fashion... Y a vosotros ¿os gustan las Monster High?
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